MARIANO CATRILLÓN: MUNDIAL DE FÚTBOL
«Sudáfrica es menos racista
que EEUU, Inglaterra o España»
11-6-2010
MARIANO CATRILLÓN: MUNDIAL DE FÚTBOL

El hombre que se hinchó a vender tejidos de Sabadell en Sudáfrica en los años 70, Mariano Castrillón Serrano, 71, que reside desde entonces en aquel país y que de fútbol sabe «apenas que la pelota es redonda», espera con ansia la inauguración esta tarde del Campeonato Mundial de Fútbol.

¿Es este acontecimiento el más importante en Sudáfrica desde las elecciones de 1994?
Sin la menor duda. Aquellas elecciones unieron a todo el país, al racista negro, al racista blanco... a todos. Fue algo tan pacífico que no lo esperábamos ni nosotros.


¿Y este Mundial?
El fútbol es un elemento político que ha vuelto a unirnos a todos otra vez. El fútbol ha demostrado que el negro también sabe coordinar un equipo, dirigir un club, planear una estrategia...


El de Rugby de 1987 lo ganó Sudáfrica contra todo pronóstico. ¿Esperáis un milagro parecido?
No. Aquello fue «la magia de Mandela». Ahora somos más realistas, nos bastaría con quedar como caballeros.


¿Ha visto Invictus?
Sí y me gustó enormemente. Es exactamente lo que vivimos aquellos días.


¿Quiere usted que gane Sudáfrica o España?
España. Me gustaría que ganara Sudáfrica, pero como sé que eso es imposible quiero que gane España. Yo en el coche llevo las dos banderas.


¿Estáis los sudafricanos emocionados con este Mundial?
Muchísimo. Todo el mundo está excitado. Y no es de ahora. Llevamos así ya cuatro cinco meses.


¿Por qué tanto?
Vemos como se va acercando el día, como ensanchan autopistas, como construyen estadios de ensueño... todo está muy bien coordinado.


¿Le preocupa más el crimen callejero o Al Qaeda?
La prensa extranjera está exagerando mucho el tema de la inseguridad.


Pues hay carteles de autopista con el texto «Crime Alert. Do not stop».
Pues mire, sé que existen, pero yo nunca los vi.


¿No hay miedo?
No. Muchas casas están protegidas con vallas electrificadas, pero la mía, no. Es más precaución que miedo.


No sé...
También en Barcelona hay delincuencia. Yo una vez en el metro de Barcelona me puse la mano en el bolsillo ¡y me encontré otra mano!


¿Soñáis con las olimpiadas?
Es lo que espera la gente. En todos los estadios han construido ya cuatro vestuarios pensando en los JJOO.


¿Qué imagen pretende dar Sudáfrica al mundo?
Pretende acabar con la idea de que Africa es un continente retrógado donde nunca pasa nada. Una imagen más moderna y rica.


¿El único país africano rico?
La diferencia es que aquí la riqueza se queda en Sudáfrica. No es un país colonizado por otros países. Y el gobierno está haciendo cosas muy buenas.


¿Confía usted en ese presidente polígamo, Zuma que tiene problemas con una de sus tres esposas?
Sí. Es polígamo porque es zulú. Es su costumbre. El negro que le vota acepta eso tranquilamente.


¿Hay blancos segregados?
Sí. Antes cualquier blanco tenía trabajo por incapaz que fuera.


¿Y ahora?
Ahora cerca de mi casa hay una colonia de blancos pobres (townships) que viven en chabolas, sin agua corriente ni electricidad.


¿Apartheid antiblanco?
No. Pero en lo laboral se discrimina positivamente al negro para compensar tantos años de injusticia.


¿Y eso no crea conflictos?
No. Hay menos animosidad entre blancos y negros aquí que en ninguna otra parte del mundo. Todos los turistas americanos e ingleses quedan sorprendidos de ver la normalidad de la vida social.


Pero cuatro millones de blancos contra 40 millones de negros...
Pues no hay racismo. La cajera de mi super me toma cada día del brazo en señal de respeto. Y ese respeto es en todas direcciones. Hay menos racismo aquí que en EEUU, Inglaterra y España. Estamos más unidos que nunca.


El poder de Bafana Bafana

MARCET I GINEBREDA
Trabajaba en la empresa textil Batlló, pero quería ver mundo y se fue a vender telas a Sudáfrica.
Se casó con una rodesiana, tuvo una hija y hoy, ya jubilado, vive plenamente integrado en el barrio Roodepoort de Johanesburgo.
En sus buenas épocas vendió kilómetros de tejidos de las empresas sabadellenses Marcet y Ginebreda. «Pero aquellos empresarios textiles catalanes confiaron poco en la exportación y eso acabó con ellos», dice.