JOSÉ M. PRAT, chi kung cristiano
«Si estás nervioso
no puedes amar a los demás»
26-5-2010
JOSÉ M. PRAT, chi kung cristiano

El teólogo barcelonés y católico practicante, José Maria Prat Banús, 51, que ha trabajado en Sabadell más de doce años como comercial de seguros médicos, instructor de Tai Chí i Chi Kung en el centro Ceitai de Barcelona y miembro de la americana Natural Qi Qong Associated, estuvo ayer en Sabadell para presentar su libro Chi Kung Cristiano (Publicacions Abadia de Montserrat).

¿Qué lleva a un comercial de seguros a entrar en el mundo del chi-kung?
Empecé a los 15 años con el kung fu chino. A los 19 llegó a Barcelona el padre Peter Yang y le conocí personalmente.


¿Quién es el padre Yang?
Un sacerdote católico chino acogido en España que huía de la China comunista de Mao. Él me enseñó tai-chí i chi-kung.


¿Aún vive en Barcelona?
Sí, tiene 89 años y aún celebra misa en la Catedral de Barcelona. Mi libro Chi Kung cristiano está escrito a medias con él.


¿El Chi Kung se practica en postura estática o en movimiento?
De las dos maneras. Lo importante es regular mente, postura y respiración. Chi es espíritu de aire y energía y Kung trabajo y práctica.


¿Ha dicho espíritu de aire?
Lo mismo que el prana indio, el pneuma griego, el ruaj hebreo, el ki coreano, el mana hawaiano... muchas culturas coinciden en ese espíritu de aire.


¿El yoga no regula también mente, postura y respiración?
El yoga es el Chi Kung de la India.


¿Objetivo?
Terapéutico, paz interior, defensa personal... depende.


¿De qué depende?
De si lo practican taoístas, budistas, médicos, militares...


¿Qué hace usted por ejemplo en la foto que ilustra esta página?
Es la Hun Yun, la posicion del universo o de sujetar el árbol. Calma la mente y soluciona problemas respiratorios.


¿Cuánto hay que aguantar así?
Un principiante cinco minutos. Un experto puede practicarla una hora diaria. No es una postura casual. Está diseñada para interconectar los meridianos de acupuntura.


¿Qué hace con la cabeza y la respiración?
Cuentas las respiraciones: uno, dos, tres... Así concentras la mente en la respiración y calmas la cabeza.


¿Y?
A medida que la respiración se hace suave el cuerpo se va cargando de esa energía de aire, el Chi.


¿Cómo la meditación?
Es meditación.


Pero este Chi Kung lleva apellido: taoísta, budista...
Los budistas lo utilizan para la iluminación y liberarse de los apegos, los taoístas para recuperar el interior, los confucionistas para contribuir al bienestar del estado, las artes marciales para soportar el dolor físico...


¿Y el cristianismo?
San Ignacio de Loyola ya enseñaba a sus estudiantes posturas sincronizadas con la respiración.


Unir las palmas en posición de plegaria parece una postura común a muchas religiones.
Es el mudra budista de la oración. Unir los dos puntos de acupuntura que tenemos en el centro de la palma de la mano activa nuestra energía y los antiguos cristianos ya lo conocían.


¿Lo olvidaron?
Desgraciadamente sí. El triunfo del racionalismo en Occidente hizo olvidar el espíritu, el alma y la respiración y ahí se separaron definitivamente Dios y el hombre.


¿El Chi Kung te hace mejor cristiano?
Ayuda a centrarte. Y si estás centrado y equilibrado puedes plantearte los grandes temas cristianos con mayor serenidad.


¿Por ejemplo?
Si estás nervioso no puedes amar a los demás, ni comprender el Sermón de la Montaña ni ayudar a tus vecinos ni entender a tu pareja.


¿Qué dicen los curas?
La Iglesia es muy grande. Algunos sacerdotes entienden perfectamente el Chi Kung cristiano y otros no tanto.
Ya tienen la oración.


No es lo mismo. Si estás triste o enfermo la oración no te sirve. El Chi Kung sí. Lo ideal es respirar 15 minutos en soledad antes de rezar.


Amen=Om

JESÚS
Que Jesús ya dominaba viento y agua, es decir algunas de las energías del Chi Kung se demuestra, según José Maria Prat, en el evangelio de la tormenta.
«Estaba en una barca con sus apóstoles y pudo parar la tormenta del viento y la tormenta de lluvia. Es decir ya dominaba el Feng Shui, que es viento y agua. Jesús no respiraba entrecortadamente, sabía respirar bien y a eso debía su serenidad».