Mirta Rodríguez, Lamparas Cubanas
«Es un crimen
que España no me aproveche»
27-4-2010
Mirta Rodríguez, Lamparas Cubanas

Hace lámparas Tiffany al estilo cubano y las vendería a partir de los 20 euros. Pero eso no la quita de una vida de emigrante en Sabadell, sin amigos ni relaciones, sin trabajo, obligada a mudarse a un piso más barato en el barrio de Las Galaxias de Sabadell, y a ahorrar hasta en dentista.
Licenciada en Educación Física, Mirta Rodríguez Díaz, 69, (rodriguez-diaz@hotmail.es) añora ahora su Ciudad de La Habana donde ejercía de Comisionada Provincial para el Deporte y Comisionada del Baloncesto Femenino con tres secretarias a su cargo, donde organizaba manifestaciones gimnásticas multitudinarias y donde rehabilitaba enfermos voluntariamente.


¿Por qué vino a Sabadell hace cinco años si tan bien estaba en Cuba?
Simplemente para acompañar a un familiar.


¿En qué trabajó aquí?
Primero en inmobiliaria: llevaba personas a visitar pisos. Y luego acompañé a una persona mayor. Pero todo se acabó.


Y ahora se gana la vida haciendo lámparas con sus propias manos.
Me la ganaría si vendiera alguna, pero no conozco a nadie ni sé a quien dirigirme.


¿Estilo Tiffany?
A la cubana. Aquí los cristales no están engarzados con plomo ni metal, sino con poliespuma, un invento cubano.


¿Qué es poliespuma?
Aquí le dicen porexpán, eso que protege los equipos eléctricos


¿Sujeta eso con fuerza los cristales de colores?
Hay que sumergirlo en gasolina. Yo sé como hacerlo. Primero queda como plastilina y luego se pone duro, como una piedra.


¿Resiste un golpe, una caída?
Perfectamente. Y si se desprende algún cristal, yo lo reparo.


¿Como trabaja el cristal?
Lo corto con alicates de electricista porque aquí no tengo maquinaria para cortar.


¿De dónde lo saca?
Me los da un catalán muy bueno, el «vitraller» Juan Serra. Son los cristales que a él le sobran.


¿Les une este arte?
Pasé un día por su taller y me quedé así mirando las bellezas que él hace. Pasé dentro, hablamos y desde entonces me guarda los cristales que le sobran.


De todos los colores, veo.
Hay lámparas con más de 800 cristalitos. Es muy laborioso. Necesitaría cristales más finos, pero por ahora me arreglo con éstos.


¿Las hacía en Cuba?
Las vendía a los extranjeros. Me las compraban a cualquier precio porque son artesanales. Una francesa se quedó cinco. De noche quedan preciosas. A mi me encantan.


¿Son relajantes?
¿Relajantes? ¡Muchacho! Aparte que está indicado para disminuir el daño en la vista del ultravioleta del televisor.


¿Quién le enseñó?
Una señora obesa a la que rehabilité. Comía como un caballo. Con mi plan terminó corriendo varias pistas de 800 metros. Le dije no me pague, sólo enséñeme a hacer esas bellezas.


¿Es usted médico?
No, pero rehabilito hemipléjicos, cardiópatas y asmásticos. Ese trabajo yo lo hacía voluntario en Cuba. Me dio fama un cartero muy agradecido que me puso el nombre de milagrosa. ¡Y yo soy atea!


¿No es milagro?
Claro que no. Yo levanto gente que está tirada en una cama, pero con ejercicio físico programado. A mi me sorprende ver los hemipléjicos de aquí.


¿Por qué?
En España, los hemipléjicos andan por la calle arrastrando los pies. En Cuba los rehabilitamos casi al 100%. Ustedes no hacen buenas rehabilitaciones.


¿Le gustaría hacerlo usted?
¡Claro! Yo daría mi vida por reunir aquí un grupo de personas viejitas y hacerles tablas gimnásticas. Es un crimen que España no me aproveche más.


Aprovéchese usted.
No puedo, no conozco a nadie, no puedo trabajar en nada.


¿Catalunya no la está tratando bien?
Alguna persona nos ha tratado mal, pero hay tantos catalanes buenos...


¡Muchacha!

sin casa
La emigración se convierte para algunos, especialmente para los cubanos, en prisión.
Ella que tuvo tres secretarias y que siempre se ganó bien la vida en Ciudad La Habana, no puede ahora volver a su círculo de amistades por un motivo: le quitaron la casa «y no quiero molestar a los familiares».
En Sabadell, precisamente estos días, se está mudando a un piso más barato.