Kazuki Akana, japonés en paro
«Himawari me retiene en Sabadell»
28-9-2007

Vive en Sabadell desde 2001 y en todo ese tiempo no ha encontrado ningún otro japonés en la ciudad lo que le anima a aventurar que «quizás soy el único japonés en todo Sabadell».
El vecino de la Creu Alta nacido en Tokio, Kazuki Akana, 43, (tsukino_wa@hotmail.com) que en su país trabajó de camarero, informático, técnico de sonido, topógrafo, conductor de mudanzas y hasta en demoliciones, y en Sabadell ha sido mozo de almacén y albañil, quiere ganarse la vida definitivamente como profesor de japonés.

Kazuki Akana, japonés en paro
—¿Pero quién quiere aprender japonés en Sabadell?
—Mucha gente joven, sobre todo amantes del manga (cómic), el anime (dibujos animados) y el hentai (comic X).
—¿Para qué?
—Para leerlo en idioma original. Los jóvenes están fascinados por la cultura japonesa. La encuentran misteriosa.
—¿Misterioso Shin Chan?
—Los grandes rascacielos, tan apretados. La vida cotidiana. Las peleas de Naruto. La magia de Songoku.
—¿Tiene experiencia como profesor de idiomas?
—En 2003 hice intercambio en la UAB con estudiantes. Ellos me enseñaban español y yo japonés.
—¿Cómo va enseñar japonés si apenas habla español?
—Para enseñar un idioma no hace falta otro.
—No sé yo si con el japonés funcionará mucho la inmersión.
—Kon Nichiwa (saludito). Watsh wa kazuki desu (mano al pecho). Kon Nichiwa... (repite lo mismo una y otra vez)
—¿Me está diciendo hola mi nombre es Kazuki?
—¡Casi! Buenos días, mi nombre es Kazuki ¿Ve como basta un solo idioma?
—¿Por qué habla tan poco español si lleva aquí siete años?
—Porque en los primeros tres apenas salí de casa ni trabajé en nada por cuidar solamente de mi hija. No hice ninguna amistad española.
—¿Tiene una hija en Sabadell?
—Himawari, que significa girasol. Tiene 9 años y es lo que me retiene aquí.
—Me parece que va a tener usted que contarme toda su vida desde el principio.
—Hace diez años conocí en Tokio a una galesa que daba clases de inglés. Viajamos juntos por Asia y Europa y terminamos el periplo en Gales donde nos casamos.
—¿Le gustó España?
—Me fascinó. Barcelona más que Madrid: playa, Gaudí, arquitectura... El caso es que volvimos a Tokio, pero cuando tuvimos la niña decidimos marchar de allí.
—¿Por qué?
—No queríamos que Himawari creciera en un atmósfera tan agobiante y estresada como la de Japón.
—Y eligieron España
—Elegimos Barcelona, pero sólo encontramos piso en Sabadell donde hemos sido muy felices hasta hace un año y medio.
—¿Divorcio?
—Pues sí. Si el matrimonio ya es complicado, imagine un matrimonio internacional. La comunicación era difícil y... (se emociona)
—¿Qué pasó?
—Pues lo que pasa en tantos matrimonios. Muchos detalles van colmando el vaso de la paciencia, aumentan las riñas y la situación estalla.
—¿Ve a su hija?
—Cada día. Mi exmujer vive en el barrio de Gracia.
—¿Es usted un espíritu libre?
—Creo que sí lo soy. Siempre he querido hacer cosas diferentes.
—¿Por eso no le dura ningún trabajo?
—Exacto (ríe). Siempre tengo las antenas puestas y salto de una flor a otra.
—Y le acaban echando.
—Normalmente sí (ríe). En Moga de Sabadell he sido mozo de almacén año y medio y al final me echaron porque no se creyeron un certificado médico que era real.
—Podría buscar trabajo en la Sony de Castellar, la Kao de Polinyà o tantas otras multinacionales japonesas de la comarca.
—Eso nunca. Los japoneses de esas multinacionales viven en su ghetto japonés y no salen de él. No va conmigo. Los japoneses son muy raros.
—No está bien que usted lo diga.
—Es cierto. Cuando les veo a todos juntitos por las Ramblas como corderitos, me da tanta risa.
—¿De verdad es usted el único japonés de Sabadell?
—No puedo asegurarlo, pero yo en siete años no he conocido a ninguno. Sólo un catalán que habla japonés. Muy simpático. Ayer estuvimos bebiendo cervezas juntos.
—En la Avenida Barberà hay un restaurante japonés.
—Atendido y servido por chinos.
—Una peli.
—Los siete samurais de Akira Kurosawa. Es de 1954, pero sigue siendo una obra maestra.
—Un libro.
—Kamen no Kokuhaku, no sé como se dice en inglés, de Yukio Mishima. Cuenta toda su vida de una forma bellísima.
—Un músico.
—Ryuichi Sakamoto, autor de las bandas sonoras de El Pequeño Buda, El último emperador y Babel. Trabajé cinco años con él como técnico de sonido. Programaba su ordenador, hacía las conexiones y le acompañaba en las giras. Es un genio.
Y usted un artista

...Y ESCRITOR
España vista por un extranjero es ya un género literario. El ha redactado 25 relatos Sabadell que piensa vender en Japón.
«Un día fui al Ayuntamiento y me atendieron tan mal que tuve que escribirlo. En clave de humor, claro». Compara las dos sociedades y ridiculiza ambas.
«¿Y las colas que se forman para pagar en el Súper? ¡Increíble! En Japón sólo que haya tres clientes ya abren otra caja inmediatamente». El tráfico en nuestras calles también le parte de la risa.