Jesús Martín, Limbo
«El grafiti es muy de esta época,
muy veloz, ir y acabar»
20-9-2007

La fachada de la iglesia de Santa Maria de Barberà ha sido pintada con un grafiti urbano, moderno y hip-hopero.
Su autor es Jesús Martín Asensio, 28, que firma Limbo «porque siempre estoy en la parra», soldador de profesión en paro y artista de vocación que ha sido mozo de almacén y jardinero municipal entre muchas otras cosas.

Jesús Martín, Limbo
—Pero si has pintado esta misma plaza.
—Porque yo vivo aquí y la conozco bien. Lo copié de una foto movida que hizo un amigo cuando me esperaba en la puerta de casa
—La jardinera, los bancos, los árboles, todo igualito, como en un espejo.
—Y la dos cabinas, la de la ONCE y la de teléfonos. Eso a la gente no le ha gustado mucho.
—¿Por?
—Dicen que no es serio para una iglesia. Pero a mi me gusta. Y me gusta que haya polémica.
—Hombre, ver una cabina de la ONCE pintada en la fachada de una iglesia es, realmente, un poco chocante.
—Es como el ying y el yang, ¿sabes? Lo urbano a un lado y la naturaleza al otro. El bien y el mal que siempre están por ahí peléandose, no?
—Hasta la misma iglesia pintada en la iglesia.
—Lástima que sólo se vea un trozo de fachada... sin pintar todavía, claro.
—¿Cómo ha surgido un proyecto así?
—El rector de la parroquia, Josep Jordi, me vio pintando en la calle, me lo propuso y dije que sí.
—¿Te pidió este estilo?
—Sólo me dijo que no tenía que ser de motivo religioso.
—Pues sí que es moderno el cura.
—Es buena gente. Dentro de la iglesia también ha puesto cuadros muy modernos. Está bien que tenga la menta tan abierta.
—¿Aceptó enseguida tu proyecto?
—Mucho. Dijo que le gustaba esa explosión de luces hacia arriba.
—¿Y luego quedó contento?
—Claro porque ya no le ponen grafitis ni firmas en su iglesia que es lo que él quería. Entre nosotros, los pintores nos respetamos.
—¿Hay mensaje en tu grafiti?
—Eso que dice la Biblia de que Jesús era hombre y que Dios nos hizo a su imagen y semejanza.
—No lo pillo.
—Quiero decir que la plaza es para la gente normal, la gente de la calle. Que la gente busque en sí mismo más que en cosas religiosas, ¿no?
—O sea que estás invitando a la gente a que no entre en la iglesia.
—No hombre. Tampoco es eso. Que cada cual elija sus creencias. Yo a la Iglesia no voy mucho la verdad. Ni tampoco veo entrar mucha gente.
—¿Cuántas horas hay ahí?
—Tres meses, pero porque tuve problemas con los andamios y trabajaba de jardinero. Ahora que no trabajo lo haría en pocos días.
—¿Todo con spray?
—Unos 50 botes. Y ni uno negro.
—¿Y eso es bueno?
—Para mi sí. En cada nueva obra experimento algo nuevo y aquí he pasado del negro para no hacer cortes tan bestias. Sólo oscuros.
—De un grafitero se esperaría algo más de cómic.
—No hombre, en el arte el realismo es lo más alto. Sólo cuando dominas la técnica del realismo, y sobre todo del hiperrealismo, puedes empezar a crear de verdad.
—¿Has llegado ya tu al hiperrealismo?
—Todavía no. Estoy en esto: el realismo. Pero me fijo en cosas de otra gente y alucino mucho.
—¿Por ejemplo?
—Velázquez, Goya y también gente de Alemania que pinta grafitis hiperrealistas. Yo alucino.
—¿Lo aplicas?
—Intento. Ahora le he pintado a un amigo una habitación con calaveras y guitarras eléctricas y me ha quedado bastante realista.
—¿El grafiti es el arte del siglo XXI?
—Yo lo veo que sí. Es como la publicidad, machacas por todos los sitios, bombardeas para que se vea tu nombre al máximo.
—¿Y eso lo hace moderno?
—Sí, es muy de esta época. Y lo rápido que se hace. Vas a un muro y pim pam en dos horas ya está acabado. Muy veloz: ir y acabar.
—¿Defiendes los que firman garabatos en la puerta?
—Yo eso apenas lo hice. Y no lo veo bien. Pero digo que el bombardeo es la filosofía de este arte.
—Un arte que cuesta dinero pero no genera beneficios.
—Puedes pintar en discotecas o algún encargo. Pero nunca te vas a ganar la vida con esto. A mi me gustaría pintar más cuadros, más lienzos.
—¿Cuesta exponer?
—Hombre, no sé, yo ya hice una exposición en Sabadell, en lo del Werens. Aún se puede ver en www.impaktesvisuals.com
—¿Tapan menos grafitis en Barberà que en Sabadell?
—Igual.
Pues váis finos

CURRANTE
Su micromundo era la Plaça de la Vila de Barberà porque en ella vivía, pintaba el grafiti y trabajaba de jardinero.
«Pero ahora mi vida está flotando, todo muy errante. Ya no trabajo aquí y pronto tampoco viviré aquí. Me mudo a casa de unos tíos en Sabadell que me dejan un garaje donde seguiré pintando y haciendo bocetos porque la cabeza me hierve de ideas».
Y cuando se le acabe el paro, otra vez a currar de lo que sea. «Sé que soy un currante y nunca voy a vivir del arte».