Pilar Camacho, de la torre a la calle
«Mi marido no parará hasta verme
en la calle con mis hijas»
23-7-2007

Su marido, potentado de la industria aeronáutica, no sólo no le pasa lo que dicta el juez sino que la torre de Bellaterra en la que ella vive ha sido subastada.
La barcelonesa residente aún en Bellaterra, Pilar Camacho Lopera, 50, y sus dos hijas, la mayor con un 90% de minusvalía, pueden pasar de la abundancia a la indigencia en solo un mes.

Pilar Camacho, de la torre a la calle
—¿Qué pasó el miércoles?
—Que un señor llamó el timbre de casa y me dijo que me marchara porque esa casa ya no era mía. Que había sido subastada y que él era el nuevo propietario.
—¿Quién era?
—Un subastero enviado por mi marido. Es su manera de quedárselo todo.
—¿Se subastó realmente su casa?
—Sí porque, con lo que me pasa mi marido, hace dos años que no pago la hipoteca a Caja Laboral.
—¿No se lo anunciaron antes?
—Sí, pero qué podía hacer yo si no tengo un duro.
—¿Qué le dijo usted a ese hombre?
—Llamé corriendo a mi abogado, que se puso en contacto con la juez y han aplazado un mes el deshaucio.
—O sea que volverá el 18 de agosto.
—Y esa vez igual ya viene con agentes judiciales y policías para ponerme en la calle con los muebles. A mi y a mis dos hijas.
—¿Qué problema tiene la mayor?
—Tiene una minusvalía del 90%. Va en silla de ruedas, no habla, apenas ve... Tiene 23 años y cada día la llevo a la escuela de formación especial Esclat.
—¿Y la segunda?
—Tiene 13 años, iba al colegio St. Peters, el más caro de Barcelona. Pero este año ha ido al insituto público de la UAB, en Bellaterra.
—¿Y el chico?
—Tiene 18 años y sigue viviendo a todo ritmo porque optó por quedarse con el padre que le paga los estudios en la UIC y de piloto en el Aeropuerto de Sabadell.
—¿Se ve abocada a la penuria?
—Es el objetivo de mi marido, arruinarme totalmente para que me quede en la calle. Ya me cortaron la luz dos veces y ahora me han cortado el gas definitivamente. Nos duchamos con cazos de agua calentada en la cocina eléctrica.
—El jardín parece una selva.
—No podemos pagar un jardinero. Y la piscina está sucísima. Y mi coche, un 4x4 americano, me desapareció la tarde de Nochebuena.
—¿Se lo robaron?
—Eso creía yo. Hasta lo denuncié a la policía. Pero resulta que no. Que se lo había llevado él.
—¿Cuánto dinero le pasa su marido?
—1.500 euros al mes porque declaró que su sueldo es de 3.000. Una falacia que no se ha creído ningún juez porque todo el mundo sabe la inmensa fortuna que tiene y la red de empresas que dirige.
—¿Cuánto debería pasarle?
—Tres tribunales distintos han coincidido en que debe pasarme un mínimo de 5.500 euros al mes para mis hijas y para mi.
—¿Qué dice el juez?
—Que queda probado que se niega a atender los gastos mínimos de una hija disminuida. Uno de los jueces escribe que su declaración de bienes es «un insulto a la inteligencia».
—¿Cuánto gastábais antes?
—Unos 24.000 euros al mes.
—¿Se mudará a otra casa?
—Fui unos días a casa de una amiga. Pero los abogados me aconsejaron que volviera corriendo a Bellaterra.
—¿Tiene parientes dónde ir a vivir en caso de necesidad?
—Mi madre vive en un ático. Pero la silla de ruedas de Eva no entra en el ascensor.
—Su hija Eva hace el caso especiamente triste.
—Es la gran diferencia con otros padres que no pasan la pensión.
—¿Cómo puede mantenerla?
—En la escuela conocen mi caso y sólo me cobran el comedor. Los profesores de Eva incluso han declarado al juez que ella necesita atención para todo y que yo no tengo quien me ayude. Todo se lo hago yo.
—¿El verdadero problema es ella?
—Claro. Si sólo fuera por mi, yo podría conseguir un trabajo y vivir en un pisito.
—¿Se ve en la calle con sus dos hijas?
—Antes en el jardín. La casa tiene 600 metros cuadrados pero el jardín son 3.000 metros y ésos no están subastados.
—Monte ahí una casita.
—¿Con qué dinero?
—¿Cómo espera salir de ésta?
—Creo en Dios.
—¿Quiere decir que espera un milagro?
—Sí, algo va suceder. Esto tiene que solucionarse. Es demasiado grave.
—Por si acaso, haga algo más.
—Para mi estar hablando con usted ya es un milagro.
Nos vemos el 18
PERO POR QUÉ
En un momento de la entrevista Pilar no puede contener las lágrimas. Cuando le dije que las películas de buenos y malos son poco creíbles, estalló.
«Le juro que no hay motivo para tantísimo rencor ¿Acaso ha descubierto él que soy mala después de 25 años de casados? Yo sólo me pregunto cada día por qué me está haciendo ésto y no puedo comprenderlo. Mi psicólogo está harto de que le pregunte por qué, por qué, por qué. Desde que vive con la mujer de su mejor amigo se ha convertido en una persona muy-muy mala. No le veo otra explicación».