M. José Martín, 38 horas con Clickair
«No vuelvo a volar
con Clickair en toda mi vida»
5-7-2007

Su avión llegó a Barcelona con 38 horas de retraso. Debía inaugurar precisamente este el lunes su centro de salud y belleza, Zahir (Sol, 179), pero no pudo porque ella no estaba.
Quizás Clickair la indemnizará algún día. Pero la crisis de ansiedad que sufrió en Amtserdam la terapeuta y quiromasajista sabadellense, Maria José Martín Trabajo, 31, no se paga con nada.

M. José Martín, 38 horas con Clickair
—¿Cómo se pasan 38 horas esperando un avión?
—Horroroso. Los nervios que he pasado ese tiempo no se los deseo a nadie.
—Cuéntemelo todo desde el principio.
—Habíamos estado un día en Amsterdam y el domingo a las 7 de la mañana llegábamos al aeropuerto de Schippol para tomar el avión a Barcelona de las 9’40.
—Teníais que llegar al Prat a las 11’10 de la mañana del domingo.
—Sí, pero llegamos el lunes a las 00’10, o sea ya el martes.
—¿Qué pasó?
—Llegamos, facturamos maletas pasamos controles, llegamos a la puerta de embarque y empiezan a pasar cosas raras.
—¿Cómo de raras?
—Primero nos cambian la puerta de embarque. Todos para el otro lado. Luego deaparece el vuelo de la pantalla y a las 3 de la tarde nos dan un tícket de comida.
—¿Quién? ¿Clickair?
—No. Las azafatas de tierra. Con Clickair no conseguimos hablar. Pero ellos hablaban con Schiphol.
—¿Por qué no salía su vuelo?
—No nos lo dijeron. Nos tenían tirados.
—Sigamos.
—A las 5 de la tarde nos anuncian que nuestro vuelo está definitivamente cancelado porque, al parecer, se habían averiado dos aviones a la vez.
—¿Y qué iban a hacer con vosotros?
—Nada. Solo nos decían que estaba cancelado el vuelo. Y te dejan así.
—No es posible.
—Sí lo es. Al cabo de un rato nos viene otra azafata y nos dice que nos apunta en una lista especificando si habíamos comprado el billete por Iberia o por Clickair.
—¿Íbais juntos?
—Pues sí. En total éramos 180 en el mismo vuelo, pero unos habían pagado como bajo coste y otros no.
—¿Y eso daba algún privilegio a los de Iberia?
—En principio sí, pero ya verás. A las 6 de la tarde nos llevan a un hotel próximo a los de Clickair y nos dicen que tenemos pagada cena y desayuno.
—¿Y los de Iberia?
—Los de Iberia se quedaron en el Aeropuerto confiando en volar al poco rato. Pero lo que pasó al poco rato fue que les vimos llegar también al hotel con sus maletas, que por cierto nos las habían devuelto.
—¿Cuál era el plan en el hotel?
—No había plan. Nadie sabía qué hacer. No sabíamos si nos íbamos a quedar allá unas horas o varios días. Cada uno se tenía que espabilar por su cuenta.
—¿Os acostásteis sin más?
—Intentamos comprar otros vuelo por internet, pero con tanta precipitación fue imposible.
—¿Clickair seguía sin responsablizarse?
—Nos dieron un número 800 para llamar a Clickair. Pero allí sólo salía musiquita y un contestador que decía que abrían a las 8 de la mañana.
—¿Y a la cama?
—A las 2’30 de la madrugada. Qué íbamos a hacer. Al día siguiente llamamos a las 8 en punto de la mañana y nuestra sorpresa fue que muchos del grupo ya volaban a Barcelona.
—¿Cómo lo hicieron?
—Por lo visto en aquel número 800 respondía un chico desde las 4 de la madrugada que te recolocaba en otro vuelo. Aquello era un «campi qui pugui».
—¿Y vosotros?
—Pues ni idea. Ya era lunes, del hotel nos echaban a las 12 y ahora nos decían que quizás no saldríamos hasta el miércoles. Impresionante.
—Pero esto es de locos.
—Al final a las 11 de la mañana nos recolocan en un vuelo que salía de Amsterdam ¡a las 21’50 de la noche! Y eso gracias a que TV3 se puso por medio que, sino, aún estoy allá.
—Y llegáis al Prat y reclamáis a Clickair.
—A Clickair no porque estaba cerrado. Hicimos una reclamación escrita a Aena explicando todos los detalles y el perjuicio enorme que nos ha ocasionado a mi y a mi marido que no pudo empezar una obra el lunes y se expone a una denuncia.
—Perdió tiempo, dinero...
—Y salud. Vivir tanta impotencia y desolación durante tantas horas quema mucho. Te destroza.
—¿El mundo de la aviación está enloquecido?
—No. Yo he volado con muchas compañías internacionales, incluso de bajo coste, y esto no pasa. Esto sólo pasa en España. Yo no vuelvo a volar con Clickair... ni Iberia, en toda mi vida.
Tranquila ya está en Zahir
DE LOS NERVIOS
Su nueva empresa, el centro de salud y estética Zahir (Sol, 179), debía abrir sus puertas el lunes a las 9 de la mañana. Pero ese lunes ella estaba en Amsterdam al borde del ataque de nervios.
«Si me hubieran dicho que íbamos a estar allá 38 horas, vengo en tren o lo que sea porque tenía nueve señoras citadas para estrenar la máquina Ultratoner. Me gasté 300 euros en llamadas para cancelarlo todo. Era el primer día que abría al público. Imagínate la mala imagen que dí».