Miguel A. Aroca, hermano de Antonio
«Los Mossos han matado a mi hermano, herido a mi padre y destrozado la familia»
11-5-2007

El enfermo mental al que los Mossos d’Esquadra cosieron a balazos el pasado día 3 en Malgrat era de Sabadell. Lo enterraron este miércoles en el cementerio de la ciudad.
El hermano mayor del fallecido, mecánico industrial y vecino de Sant Julià, Miguel Angel Aroca Carretero, 36, explica así los hechos.

Miguel A. Aroca, hermano de Antonio
—¿Qué pasó el 3 de mayo a las 10 de la noche en Malgrat?
—Que mi hermano, que tiene el carnet retirado, quería conducir. Y mi padre, para evitarlo, llamó a la policía.
—¿Fueron rápidamente?
—Llegaron con una ambulancia, hablaron con él y él se puso nervioso y se escapó al bosque.
—¿Qué hizo la policía?
—Marcharon, pero dejando un coche patrulla de retén. Mi hermano vuelve a las 5 de la madrugada, entra en casa, los Mossos le ven, piden refuerzos y vuelven dos ambulancias y una quincena de Mossos, ahora ya con chalecos antibala.
—¿Qué hizo Antonio?
—Se asustó claro. Cuando ve toda esa gente acordonando la casa y vestidos de antidisturbios él se asusta. Salió de casa con el perro y un pico en la mano y se los encontró a todos allí, rodeándole.
—¿Y su padre?
—El se quedó en la puerta y se ofreció a la policía para reducirlo con buenas palabras.
—¿Que respondieron los Mossos?
—Que se mantuviera al margen. Y aunque estaba a 20 metros de mi hermano, cuando empezaron a sonar tiros la primera bala se la lleva él. Mi padre no falleció de milagro. Pero se le ha incrustado la bala en el sacro y no la pueden quitar.
—¿Qué hizo su hermano con el pico?
—Según mi padre nada. En ningún momento llegó siquiera a levantarlo.
—Dicen los Mossos que amenazó a un agente con el pico.
—A mi no me consta, pero aunque así fuera, disparando a las piernas ya inmovilizas al agresor.
—¿No fue «uso proporcional de la fuerza»?
—En absoluto. El cabo gritó «¡Fuego Cruzado!» y a mi hermano le metieron siete balas en el cuerpo. Fueron a por él.
—¿Qué hizo su madre?
—Salió corriendo, se encontró a mi padre en el suelo en un charco de sangre, preguntó a los Mossos donde estaba su hijo y le dejaron «a tierra». Ni se imagino que estaba muerto hasta que vio el cadáver.
—En el tanatorio Sabadell se opinaba que «fue un asesinato».
—Claro. Ni estaba delinquiendo en ese momento ni se le acusaba de delinquir. Sólo se avisó a la policía para que no cogiera el coche. Podían haber esperado a que se metiera en cama para llevárselo.
—¿Había estado en prisión?
—Sí, tres semanas antes estuvo ocho días en prisión. Y de allí ya salio fatal.
—¿De qué se le acusaba?
—De nada. También lo había pedido mi padre en prevención. Pero ya le imputaron un homicidio porque le metieron en una rueda de reconocimiento. Afortunadamente no le reconocieron.
—¿Por qué vivían en Malgrat si son de Sabadell?
—Para atender mejor a Antonio y alejarlo un poco de este ambiente en que ya era demasiado conocido incluso por la policía. Cuando Antonio tenía un brote, se ponía agresivo.
—¿Tenía antencedentes?
—Pero no por delincuente sinó por brotes. Cuando no tomaba la medicación, se ponía agresivo con la gente y, sobre todo, con la policía.
—¿Y si se tomaba la medicación?
—Ningún problema. Tuvo varios trabajos, el último de conductor de trailer. Ruta internacional.
—¿Sin problemas?
—Ningún trabajo le duraba mucho porque al final siempre dejaba de tomarse la medicación. Engañaba al médico, a mi madre y a él mismo. Pero por lo demás...
—¿...qué?
—Que era el mejor de los cuatro hermanos. El que tenía más capacidad de trabajo, más inteligencia y más sensibilidad. Dibujaba muy bien y tocaba la flauta travesera estupendamente.
—¿Su relación con la policía ya era difícil de antes?
—Sí, él a la policía ya le tenía ira... mucho miedo.
—¿Hasta qué punto han fallado los servicios sociosanitarios de Catalunya?
—Totalmente. Dos días antes él se personó voluntariamente al Hospital de Mataró para que le reconocieran e ingresaran. Le reconoció la psiquiatra y lo mandó de vuelta a casa.
—¿Como estáis vosotros?
—La familia destrozada. Mi padre, aparte de tener la vejiga destrozada, se siente culpable por haber sido él quien avisó a la policía.
—¿Y su madre?
—Puede imagíneselo. Ha pedido asistencia psiquiatra a la Seguridad Social y le han dado hora para dentro de seis meses.
Todo falla

LEGIONARIO DE BOSNIA
Antes de hacer la mili mi hermano nunca había dado señales de esquizofrenia. Pero después de andar bajo las bombas y ver como morían compañeros, volvió con miedo y la enfermedad», dice Miguel A. Aroca.
Para la Associació de Salut Mental de Sabadell el incidente de Malgrat se hubiera podido evitar si Antonio Aroca hubiera recibido la prestación social que le correspondía: «Su indigno final es la consecuencia de una serie de errores y negligencias sociosanitarias», aseguran.