Francisco Sánchez, Mejor Colocador Cerámico de España
«La construcción antepone
las prisas a la calidad»
01-05-2007

—El trabajador del Eixample de Sabadell Francico Sánchez Ruiz, 42, ha ganado el primer premio del Campeonato «Mejor Colocador Cerámico 2007» celebrado en el Salón Internacional de Cerámica de Valencia.

Francisco Sánchez, Mejor Colocador Cerámico de España
—¿Cómo se llega a un campeonato de colocación cerámica de toda España?
—Primero me clasifiqué entre 60 aspirantes, por currículum, como el mejor colocador cerámico de Catalunya.
—¿Pero cómo es un campeonato?
—Muy duro. La Asociación Profesional de Alicatadores y Soladores, Proalso, convocó a los vencedores de ocho comunidades autónomas y tuvimos que competir entre nosotros.
—¿Cuánto tiempo?
—Tres días seguidos sin parar. En medio de la feria con un stand para nosotros. Todo el mundo nos veía trabajar.
—¿Objetivo?
—Un balcón volado con unos requisitos técnicos determinados, una pared curva.
—Todo eso es muy difícil?
—Sí porque además debías construir con materiales muy nuevos que requieren técnicas nuevas que hay que conocer.
—¿Sin margen creativo personal?
—Sí. A mí se me ocurrió poner las baldosas en diagonal tal como pedían, pero de manera simétrica. Eso sólo se consigue empezando por el centro. Fue mi manera de resaltar la verticalidad y al jurado le gustó.
—¿Qué valoraba el jurado?
—El trato dado a cada material, el agarre, el rejuntado, no romper mucha cerámica, la perpendicularidad y los acabados. Pero también la limpieza y la seguridad en el trabajo.
—¿Seguridad?
—Rodilleras, faja, gafas para cortar. Menos arnés todo.
—¿Coser y cantar?
—En absoluto. El último día nadie me daba ganador porque iba muy retrasado. Pero en cuanto nos dijeron hoy a las 7 se acaba, me puse las pilas y jugué mi mejor baza.
—¿Cuál es su mejor baza?
—Mi capacidad de trabajo rápido. Trabajé más de diez horas sin parar... y gané.
—¿Irá a Europa como Campeón de España?
—No porque es para promesas. No aceptan mayores de 27 años. Pero el año pasado un español quedó cuarto.
—¿Su maestro?
—Mi padre que en paz descanse. El me lo enseñó todo. Y luego yo me he ido reciclando.
—¿Tanto le gusta su trabajo?
—Mucho. Cuando terminas la obra, la miras y te entra un orgullo...
—¿Es que no hay escuelas?
—Empieza a haberlas. Pero esta profesión no está regulada. Cualquier puede meterse a poner cerámica. Aunque no sepa.
—¿Usted le enseña a su hijo?
—Sólo tengo una hija y me gustaría que se dedicara a la construcción. Pero algo más limpio: arquitecta por ejemplo.
—¿Los trabajadores de la construcción vivís montados en el dólar?
—En absoluto. El que se hace rico es el destajista. Pero yo voy a precio por metro.
—Trabajáis mucho.
—Demasiado.
—¿Cómo demasiado?
—Demasiado rápido. Por cumplir con la fecha de entrega se hacen barbaridades.
—¿A qué se refiere?
—A que la fecha de entrega es sagrada. A veces se suprimen materiales para ir más rápido. Todo es velocidad. Hay que ir rápido, rápido.
—¿Perjudica eso a la calidad de la construcción?
—Pues claro. Luego empiezan a caer baldosas a la calle. Pero ellos dicen que lo único importante es la fecha de entrega y, si luego hay problemas, ya se resolverán.
—¿Se refiere a constructoras de Sabadell?
—No. Yo ahora sólo trabajo con empresas de fuera de Sabadell.
—¿Se ha visto envuelto en algún juicio?
—Nunca. El seguro lo paga todo y el responsable siempre es una cadena de personas.
—¿Ha dejado de ser un trabajo bonito?
—Cuando sólo te obligan a hacer un piso al día sin mirar nada más... pues ya no disfrutas.
—¿Qué es lo más difícil?
—Lo que no es colocar cerámica: discutir precios, que el de la grúa te suba el material... esta es nuestra lucha diria.
—¿Qué trabajo de otros le admira?
—El trencadís gaudiniano del Parc Güell es una maravilla. Ahí te quedas asombrado. Y las figuras de los jardines de Marina d’Or son fabulosas.
—¿Estáis unidos los alicatadores/soladores de Sabadell?
—No, nada. Apenas nos conocemos unos pocos. Y eso que somos un montón, eh? En Ca n’Oriac sobretodo, no sé por qué, hay muchísimos.
Feliz 1 de mayo


UN RECONOCIMIENTO
Se volvió de Valencia con 2.500 euros en el bolsillo. Pero el premio era mucho más.
También le dieron un viaje a una capital de Europa a elegir, toda las herrramientas que utilizó durante el campeonato y otro lote de herramientas nuevas valoradas en mil euros.
«Pero para mi el premio era lo de menos, dice Franciso Sánchez. No me aporta ni fama, ni prestigio, ni mejores clientes. Quizás, eso sí, la satisfacción, un reconocimiento de mis compañeros y el honor»