Mª Isabel Rodríguez, víctima de la Justicia
«Me roban el bolso
y me meten a mí en la cárcel»
24-3-2007

Denunciar a la policía el tirón de su bolso le supuso, a ella, acabar entre rejas. Parece surrealista, kafkiano o, como ella dice, de película de Almodóvar, pero los papeles que muestra avalan una historia tan rocambolesca como humillante.
La modista castellarense, viuda y madre de dos, Maria Isabel Rodríguez Hernández, 53, ha sufrido un calvario por el mal funcionamiento de la justicia española y la soberbia funcionarial.

Mª Isabel Rodríguez, víctima de la Justicia
—Empecemos por el final. ¿Qué pasó el 3 de febrero?
—Que tres coches patrulla de los Mossos de Esquadra aparcan delante de mi casa a las 4 de la madrugada y seis agentes me detienen y se me llevan.
—¿Por qué?
—Eso les preguntaba yo. Pero sólo me decían que me vistiera rápido porque tenían que llevarme.
—¿Cómo reaccionó usted?
—Yo tomo somníferos porque sufro insomnio crónico, entre otras enfermedades, y no entendía nada. Sólo preguntaba por qué, por qué
—Pero se la llevaron.
—Sí, claro y una vez en el coche al verme llorar tanto, los mossos me lo dijeron: la detenemos por un bolso robado.
—Pero eso no tiene el menor sentido.
—Eso les dije yo, que el bolso me lo robaron a mi y que era un error. Pero se ve que me acusaban de obstruir la justicia porque no fui a la última rueda de reconocimiento de sospechosos.
—Hablaremos después de eso. Sigamos con la detención.
—Me llevan a la comisaría de la Mancomunidad y, la verdad, me trataron muy bien porque hasta los mossos se daban cuenta de que todo aquello no tenía ni pies ni cabeza.
—¿No la encerraron?
—Sí, sí. Me metieron en una celda con rejas y me cerraron con llave. Pero también me dieron chocolate y café y me permitieron ir a un lavabo que no fuera aquella letrina.
—¿Cuánto tiempo estuvo ahí?
—De las 4’30 a las 11’00 de la mañana que me trasladaron a los Juzgados de Mataró.
—¿Para identificar al autor de su tirón?
—No. Eso ya no era lo importante. La acusada ya era yo por obstruir la ley. Me ponen ante al mismo juez de la otra vez que no me dejó ni abrir la boca y se pone a chillarme hasta que decide sobreseer el caso, mire (me enseña el escrito), encima aún estoy en libertad condicional.
—Rebobinamos hasta mayo del 2005 en El Masnou.
—Ahí fue donde me tiraron del bolso que llevaba al hombro y veo de espaldas un hombre corriendo y saltando a la vía del tren con mi bolso en la mano.
—¿Podría identificarle?
—En absoluto. Era de noche y sólo sé que llevaba pantalones beige. Y así lo hice constar en mi denuncia ante la policía de Premià. No le vi.
—¿Cómo sigue la historia?
—Qué con los meses recibo tres citaciones de los juzgados de Mataró para identificar a los ladrones en rueda de reconocimiento.
—¿Qué pasó en la primera?
—Me tenía que operar de la boca y envié un fax del médico al Juzgado, tal como ellos me pidieron, diciendo que no podría acudir.
—La segunda.
—En marzo del 2006 vuelven a citarme, voy a Mataró y una secretaria de Juzgados muy lista me pasea por todo el edificio, arriba y abajo, se equivoca, da órdenes y al final me pone tras un cristal.
—¿Identificó a alguien?
—A nadie. ¡Si no le ví! Se lo digo a la chica y al salir se vuelve a equivocar y abre una puerta que no es y me ven todos los delincuentes.
—¿Caso concluído?
—Hubiera terminado ahí si esa secretaria tan guay hubiera sobreseído el caso tal como le dijo el juez delante mío. Pero la chica se olvidó de hacer el escrito.
—Con lo que llegamos a la tercera rueda de reconocimiento.
—Que fue a finales del 2006 y a la que no fui. No porque no tuviera ningún sentido volver a identificar a nadie ni porque el caso ya debería estar sobreseído, sino porque mi doctora me lo prohibió expresamente por mi salud. Mire (informe de la médico)
—¿Y qué pasó?
—Que en los juzgados de Mataró perdieron ese papel y aquel día me llamó la secretaria muy enfadada. Cuando le dije que no podría ir y que ya les había enviado un certificado médico me dijo «pues te enviaré a los Mossos para que te detengan»
—¿Así, en primera persona?
—Sí, sí, esa chica es la que más manda en aquel Juzgado. Y ya lo creo que me envió los Mossos. Muchos meses después, pero lo hizo.
—¿Cómo se siente hoy?
—Impotente. Esto me ha distorsionado la vida. No duermo, me médico aún más, tengo ataques de ansiedad y, lo peor de todo, si algún día me pasa algo ya no lo podré denunciarlo a la justicia. Ya no me la creo.
Otra más. Y van...

UNA TRAS OTRA
Quedó viuda y tuvo que cerrar el taller de confección de Barberà en el que cosía con su marido. Hoy vive de una mínima pensión de viudedad.
En el 2003 sufrió en Extremadura un gravísimo accidente de circulación con su hija que le fracturó una docena de huesos por todo el cuerpo y la mantuvo inmóvil en cama un mes y medio.
Desde entonces sufre importantes secuelas psíquicas y físicas que la obligan a visitar semanalmente el Departament del Dolor del Valle Hebrón entre otros consultorios y quirófanos.