Christian Manga, misionero en su país
«El color de mi piel ayuda»
14-2-2007

Mans Unides invitó ayer a Sabadell al sacerdote senegalés Christian Manga, 47, director del Centro de Desarrollo de Diembéring y presidente de la Federación de Apoyo al Desarrollo del Departamento de Oussouye, FADDO.

Christian Manga, misionero en su país
—¿Africa será china dentro de poco?
—Es posible. Mi país ya ha cambiado sus relaciones con Taiwan por otras mejores y más rentables con China.
—¿Se ven ya inversores chinos en Senegal?
—Se ven algunos médicos y enfermeros chinos. Pero la presencia de inversores chinos es más visible en otros países centroafricanos.
—Usted trabaja en la zona costera de Diembéring ¿Parten de ahí los cayucos?
—Sí, aunque yo nunca los he visto zarpar.
—¿Conoce a esos temerarios emigrantes?
—A muy pocos. La mayoría vienen de lejos.
—¿Qué dice a los que sí conoce?
—Que no lo hagan. Yo siempre les desaconsejo el cayuco.
—¿No le hacen caso?
—No. Les digo que en Europa los de nuestra raza viven mal, amontonados y en pésimas condiciones laborales.
—¿Y?
—No me creen. Ellos sólo ven que los emigrantes envían dinero, que sus parientes son los que mejor visten en todas las fiestas y que algunos se construyen casas bonitas.
—O sea que emigrar funciona.
—¡No! Ése que se construye una casa lujosa en Diembering, pasa hambre en Barcelona y vive en una habitación más pequeña que ésta con 15 senegaleses más. Está engañando a sus familiares.
—Pero les envía dinero.
—Porque poco dinero aquí es mucho dinero allí. Pero ninguno ha triunfado en Europa. Sólo lo aparentan.
—¿Cómo acabar con eso?
—Con entidades como las nuestras. Para mi es un éxito que un trabajador de Dimbering regrese de Dakar porque ha encontrado trabajo entre nosotros.
—¿Cómo consigue usted ese milagro?
—Desarrollando la economía y dando trabajo.
—Pues venga, cuénteme ese milagro.
—Cuando mi obispo me destinó a la parroquia de Diemberling, yo daba clases en una escuela privada. Pero ví que cientos de niños corrían por las calles sin educación.
—Y les puso una escuela.
—No porque me dí cuenta de que el problema estaba en los padres que no podían pagar sus estudios.
—¿No hay escuela pública en Senegal?
—Sí, pero superar los exámenes de primaria es dificilísimo.
—¿Se requería pues una solución más global?
—Claro. Había que buscar un motor que desarrollara toda la economía de la comarca y pusimos en cada pueblo una zona de huertos para mujeres.
—¿Por qué expresamente para mujeres?
—Porque en la estación de las lluvias los hombres trabajan en el arroz. Pero en la época seca se van todos a trabajar a Dakar y las mujeres se quedan solas.
—Y montó el Centro de Promoción Agrícola y Social, CPAS. ¿Correcto?
—Correcto. Ahora tenemos granjas-escuela de gallinas ponedoras, pollos, cerdos, cabras, conejos y patos, huertos de tomates, berenjenas, calabacines, sandías, judías, pimientos, lechugas y cebollas y una zona de arboricultra con 700 árboles.
—Vaya industria.
—Los productos se venden sí, pero es más útil como escuela pues allí formamos con seminarios y prácticas a jóvenes agricultores y criadores.
—Tendréis vuestros trabajadores asalariados.
—Tenemos 31 personas fijas a sueldo. Todos menos yo (ríe), que soy el director y el único que no cobra porque lo hago como misionero.
—¿El éxito de Dimberling ha servido para todo Oussouye?
—Efectivamente. Desde que fundamos el FADDO, ha habido como una explosión de la actividad en todo el departamento: 15 pozos de agua, 20 casas de salud y maternidad, un hospital, recogida de aguas pluviales en las islas...
—Misionero en su propio país.
—Todo cristiano puede serlo.
—¿Tiene inconvenientes ser uno de ellos?
—Bueno, los blancos europeos de allá tienen dos ventajas: son más serios trabajando y no enchufan a sus parientes.
—¿Y ventajas?
—Muchas. El color de mi piel y hablar diolá ayuda a convencerles de que ellos han de ser los protagonistas de su propio desarrollo, a inculcarles el orgullo de superarse, a que dejen trabajar sus hijos, a animarlos cuando se deprimen, a trabajar con ellos en el campo...
Profeta en su tierra

MANOS UNIDAS
Sin la ayuda de Manos Unidas el CPAS hubiera sido imposible y hoy 50.000 personas seguirían en la miseria», dice abiertamente y sin tapujos el cura Christian Manga.
Otras instituciones y ONGs subvencionan también desde España, y mucho menos desde Francia y Bélgica, no sólo el CPAS, sino también la Federación de Apoyo al Desarrollo del Departamento de Oussouye, FADDO.
Pero son Manos Unidas con el 40% y la Comunidad de Castilla-La Mancha con el 35% quienes aportan al proyecto los mayores ingresos.