Thubten Wangchen, exiliado tibetano

«Los chinos mataron a mi madre...

y a muchas madres»

5/04/2002

El monje budista tibetano y presidente de la Casa del Tibet en Barcelona, Thubten Wangchen, 45, ha estado en la Universitat Autònoma en calidad de exiliado político. Su vida, incluída una fuga a pie por los himalayas, ha transcurrido paralela a la del Dalai Lama.

 

-Cuénteme su vida.

-Nací en Valles de Felicidad, un pueblo al sur de Tíbet. Mi padre ocupaba un cargo importante en el Ayuntamiento, por eso cuando los chinos entraron en 1959, asesinaron a mi madre.

-¿A qué se dedicaba ella?

-Era ama de casa.

-¿Y la mataron por ser ama de casa?

-Los chinos mataron a muchas esposas de cargos públicos y autoridades tibetanas.

-¿Pero por qué a las esposas?

-Porque entraron en el Tíbet no como una invasión, sino como amigos, para ayudarnos. Por eso no podían matar directamente a los responsables de alto rango. Tenían que disimular.

-Me parece cruelmente rebuscado.

-Ellos sabían que destruyendo la madre, destruían la familia. Así mataron más de un millón de tibetanos.

-¿Así como?

-Pues a mi madre la encerraron en un campo de trabajo y, aún estando embarazada, la sometieron a trabajos forzados y una alimentación tan escasa que acabó falleciendo.

-Eso no es asesinar.

-Sí que lo es. Porque lo hacían expresamente para perjudicar la salud de ella y de su bebé.

-La historia oficial no habla de eso. Siempre se dijo que el ejército rojo de Mao Tse Tung ejecutó a las autoridades.

-Eso fue después. Pero empezaron por las mujeres. Es una forma más discreta de empezar el genocidio.

-¿A su padre no le tocó?

-En 1963, cuando la situación era ya insostenible y mi padre se veía venir lo peor, huímos a Nepal. Yo tenía 4 años y mis hermanos 7 y 10.

-¿Qué recuerda de esa fuga?

-Sólo que mi padre me subía a hombros de vez en cuando. Anduvimos durante noche y noches por la nieve de las montañas del Himalaya.

-¿Por qué de noche?

-Porque de día teníamos que escondernos bajo un gran árbol o una gran roca. Recuerdo que se oían tiros aislados y que mi padre me decía ¡cuidado no salgas que te van a matar. Yo no sabía lo que era morir, pero había soldados chinos vigilando por toda la montaña.

-¿Cuánto duró ese éxodo?

-Mi pueblo no estaba lejos de Katmandú así que sólo tardamos una semana. Otros muchos tibetanos lo hicieron en meses.

-¿Cómo les recibió Nepal?

-Estuvimos dos años mendigando, durmiendo por las calles de Katmandú. Yo no me daba cuenta de la situación, pero mi padre tuvo que sufrir muchísimo.

-¿De dónde sacaba el valor?

-De su religiosidad. Cuando nos enteramos que el Dalai Lama también había conseguido huir del Tíbet y se había instalado en Amritsar, nos fuimos hacía allí corriendo.

-¿Mejoraron?

-Mucho. En la India no hace tanto frío. Y los sikhs de esa región de la India son muy hospitalarios. Cada mañana recogían a los tibetanos que dormíamos en la calle y nos llevaban a su casa para darnos de comer.

-¿Encarriló allí su existencia?

-Sí. Un tiempo después el gobierno indio sufragó escuelas tibetanas para niños de la calle tibetanos como yo y pude estudiar.

-O sea que aprendió la cultura y lengua de su país fuera de su país.

-Sí, aprendí mejor de lo que aprenden hoy los niños tibetanos en el Tíbet que están obligados a estudiar chino y comunismo.

-¿Cuándo se hizo lama?

-A los 16 años. Entré en el monasterio del Dalai Lama en Darhamsala y estudié budismo durante once años.

-¿Y hace 20 años se vino a Barcelona?

-primero vine como treaductor. Luego el dalai Lama me encargó montar aqui la Casa del Tíbet y lo hice.

-Una casa donde también se hace política.

-También, pero sin olvidar la promoción de la cultura y la espiritualidad tibetana.

-¿Cuál es hoy la situación en el Tíbet?

-Aún hay miles de tibetanos y miles de lamas en las cárceles chinas. Incluso el niño Pancheng Lama, de 12 años, está en la cárcel. Es el prisionero más joven del mundo.

-¿Hay una resistencia interna y clandestina?

-Hay unos jóvenes que colocan pancartas y pintan paredes. Pero el Dalai Lama ha dicho mil veces que nada de violencia. Buda y Mahatma Gandhi nos enseñaron a conseguir las cosas por la vía pacífica.

-Déme un consejo facilito para ser más feliz.

-No critiques a tu vecino.

Demasiado difícil


 

«VOLVEREMOS PRONTO

Somos optimistas. Los chinos nos conquistaron hace ya 43 años, pero estamos seguros que este Dalai Lama volverá muy pronto a Lhasa. Esto no puede durar más de 20 años. Seguro, seguro».

Lo que les da esa convicción es la historia: «Todas las cosas duran el tiempo

justo».

Por eso se lo toman con calma. Hasta ven la parte positiva: la invasión les ha permitido difundir su cultura en todo el mundo y aprender a no odiar ni guardar rencor al enemigo, los chinos.