José M. Morte, empresario minusválido

"Los trabajadores minusválidos también miran el final de mes

3/ 11/ 1999


  José Maria Morte, ayer, en su despacho de Guido Simplex

La empresa que fundó él desde una silla de ruedas en Ripollet hace 30 años, Guidosimplex, tiene hoy el 45 % de cuota de mercado español, precisamente en sillas de ruedas, y el 80% en adaptación de coches para minusválidos.

El zaragozano José Maria Morte Sánchez, 59, además, ha querido que de sus 95 trabajadores en toda España, unos 60 sean minusválidos ellos mismos.


"La única ayuda que debería recibir el minusválido es la formación laboral"

 

-¿Quién era usted antes del accidente?

-A los 22 años era un joven estudiante de maestría industrial de Zaragoza y motorista de competición. En un campeonato, en 1964, en San Sebastián, caí y me quedé parapléjico de la onceava dorsal.

-Desde entonces en silla de ruedas.

-Los primeros seis meses son durísimos y al que me decía «nunca más caminarás» le miraba muy mal. Pero ahora yo soy el primero de decírselo a otros porque es la única realidad y cuanto antes se asuma mejor.

-¿Cómo empezó su empresa?

-En el Instituto Guttmann de Barcelona, donde me recuperaba, ya me dí cuenta de que en España había un vacío ortopédico. El doctor Sarrias me permitió construir unas pocas sillas de ruedas en una pequeña nave.

-Y hoy construye 1.500 sillas al mes.

-Sí, pero vamos a la baja, ¿eh?

-¿Por qué?

-Porque los americanos viven con el dólar y eso se nota.

-¿Por qué no cayó en esa dinámica tan frecuente entre los minusválidos del «a mi que me ayuden»?

-Primero porque yo, antes del accidente, ya llevaba una industria de recambios del automóvil y ya tenía esa inercia empresarial. Y segundo porque siempre he sido muy inquieto.

-¿Por qué hay tan pocos empresarios minusválidos?

- Alguno, como Tomas Vega, tiene una flota de ambulancias en Barcelona. También hay otros más pequeños. Pero muchos reciben tanto dinero de las mutuas que no les apetece trabajar.

-El 60% de sus trabajadores son minusválidos. ¿Su actitud al trabajar en sillas de ruedas, que es lo suyo, es más sacrificada?

-Que va. Ellos miran el final de mes como todo el mundo. Y si es posible miran la manera de cómo conseguir más dinero. Aunque no de trabajar menos, eso es cierto. Son trabajadores normales como en cualquier empresa.

-¿Lo hace por solidaridad o porque se ahorra la Seguridad Social?

-Yo siempre he luchado por incorporar el minusválido al mundo de trabajo y lo he hecho cuanto he podido. No sólo en mi empresa sino en muchas otras.

-Pero las ayudas ayudan.

-Yo no creo que haya que dar esas ayudas. Las únicas ayudas que yo reivindico son para formación de minusválidos, a cada uno en su especialidad laboral. Eso sí. Y si vale el empresario pagará el 100%. Si no vale, que no trabaje.

-Bien que le va a usted la subvención del Estado por empleo protegido.

-Le repito que estoy en contra de las subvenciones. Si queremos hacer empresa con las subvenciones, la empresa dura lo que dura la subvención.

-¿Por qué ni la empresa privada ni la Administración cumplen el 2% que marca la ley de ocupación para minusválidos?

-Hacen ver que lo cumplen porque todos tienen un cojito en la oficina, o un ciego de un ojo o un señor que se cortó un dedo en la prensa. Pero esa ley ni se cumple ni se cumplirá.

-¿Y por qué no os rebelais?

-Porque en realidad el minusválido no tiene problema de desempleo. Hay vagos que no quieren trabajar y cualificados que enseguida encuentran trabajo. Como el resto del mundo.

-¿Es el piloto minusválido Albert LLovera el máximo exponente de su ingeniería de adaptación de vehículos?

-Sin duda. Llegó a ganar el Campeonato de Catalunya de Turismos codeándose con pilotos normales y eso es un éxito extraordinario. Y ahora vamos a preparar un coche para el París-Dakar para otro piloto minusválido.

-Go!