Germán Ruiz, cocinero vegetariano

"Para mi comer carne

era como una enfermedad"

10/ 9/ 1999


  Germán Ruiz es cocinero y co-propietario de El Follet Verd

Oyó una voz en su interior y, de repente, dejó de comer carne. Desde entonces, el cocinero desde los 13, extrovertido, investigador de la vida y hablador sin límites, Germán Ruiz Rodríguez, 47, siente la paz interior aunque tenga que preparar con sus manos uno de aquellos chuletones que tanto le gustaban.

Co-propietario y chef del restaurante El Follet Verd, lugar común de los vegetarianos de la ciudad por su extenso surtido de ensaladas, siente que está despertando a una nueva vida.


"Cuando cocino aún siento ese olorcillo del conejo al ajillo que tanto me gustaba"

 

-¿No come carne por amor a los animales?

-No. A los animales les quiero un montón, pero no es por eso. Fue un cambio intuitivo, como espiritual ¿sabes?

-Cuente ¿Qué pasó?

-El pasado abril sentí como una voz en mi interior. Nada religioso, ¿eh? Fue un sentimiento que me vino. De repente me dije verduras, lácteos y pescado.

-¿Y funcionó?

-Totalmente. Desde entonces ni un gramo más de carne. Del tabaco también me quité así hace nueve años. Fumaba tres paquetes al dia y no veas lo que me costó. No sé por qué, me dio por la coca cola. Pero desde entonces ni un cigarro más.

-¿Le gustaba la carne?

-Me encantaba. Disfrutaba mucho comiendo y me zampaba chuletones hasta de un kilo. Pero era como una enfermedad.

-¿Y ahora?

-Ahora no podría comer carne ni que quisiera. ¡No me entra! Y lo bien que me encuentro, oye. Casi 50 años y no me canso. Duermo cinco horas al dia y ya me levanto para hacer mil cosas. Disfruto haciendo cosas. No paro en todo el dia.

-¿Como elige el menú?

-El cuerpo me dice lo que necesito a cada momento. Ayer mismo necesitaba comer remolacha y me puse un plato enorme. La remolacha oxigena la sangre como la col previene el cáncer. Cada vegetal tiene una función.

-La carne lleva proteínas.

-Y grasa y toxinas. Para proteínas, la soja y la leche.

-¿Mucha fruta?

-No mucha. Lo mío es verdura. A veces me pongo arroz en el gazpacho. Esta buenísimo.

-¿Lácteos?

-Quesos y un yogurcito al dia.

-¿Vino?

-Sí, claro, pero sólo para compartir y nunca más de un vasito. El vino es buenísimo, hombre. Pero licores nada, ¿eh?

-¿Dulces?

-Procuro controlarme.

-Pero cocina carne para otros.

-Sí, y siento esa olorcita del conejo al ajillo o al estragón. Con lo que me gustaban a mi esos conejillos pequeñitos.

-¿Sufre al cocinarlos?

-¡No! Me da como envidia sana que otros disfruten de mi comida, me alegro por ellos. Pero no es ningún sacrificio ¡qué va!

-¿En qué ha cambiado su vida?

-Pues ahora cada dia tengo que estar dando gracias por lo que vivo. Necesito hacerlo.

-¿A quién?

-A Dios, pero un dios sin barba, universal. Dios sólo es un sentimiento que nos empuja a hacer el bien a los demás. Nada más.

-¿Eso es nuevo en usted?

-No. Yo recibí esa educación de pueblo que me dieron en Alcalá de Calatrava (Ciudad Real). Mis padres eran de pan y cebolla, ser serio y trabajador y la honradez por encima de todo. Hasta fuí monaguillo. Pero ahora no ayudo a los demás por obligación sino por sentimiento, porque quiero hacerlo.

-¿Cómo ayuda a los demás?

-Ya voy por el segundo grado de reiki y ahora quiero estudiar para maestro de reiki. Dicen que sirvo.

-¿La imposición de manos?

-Sí. A mi siempre me ha gustado mucho tocar (es cierto, me toca a mi, al camarero, al del butano). Y abrazar. Hay que abrazar a la gente. Así, ¿ves? (Se levanta y me abraza fuerte) Tenemos que abrazarnos. Yo cuando abrazo siento una paz enorme.

-Pues a los demás nos pone nerviosos.

-Claro porque enseguida se relaciona con lo sexual. Pero no tiene nada que ver. Es sólo una comunicación de energías. De amor.

-Del vegetal a Dios.