Salvado de la coca por la ayahuasca

"No tengo la menor duda de que jamás volveré a probar la coca"

17/ 6/ 1999

 
Ramas secas de Chabaca y botella de ayahuasca en Yessod de Sabadell

Este empresario industrial sabadellense de 36 años, de buena posición, casado con hijos y BMW, llevaba diez años enganchado a la coca.

Tras comprobar que ni psicólogos ni medicamentos le arrancaban de ella probó, a la despesperada, una terapia de ayahuasca en la selva amazónica del Perú, cerca de Iquitos, de la mano de Josep Vila, del centro Yessod.

Oculta su identidad por no alterar su imagen ante clientes y bancos.


"De repente vi a mis cuatro abuelos, muertos hace tiempo, sentados en un banco y hablándome con mucho cariño"

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--¿Hasta que punto estaba enganchado a la coca?

--Consumía entre uno y cinco gramos al dia: 70 líneas. Dos cada quince minutos.

--¿Había intentado otros métodos?

--Tomaba Sebrium, Diacepán, Tranquimacín, Cicrofalina... hasta 16 pastillas al dia. Junto con tratamiento psicológico para motivarme. Pero al final ya era tan sutil que terminé engañando a la psicóloga.

--¿Cómo la engañaba?

--En todo. Hasta en los análisis de orina, que eran de un amigo.

--¿Pero no quería curarse?

--Esto es lo más interesante. Yo sabía perfectamente que me estaba matando, pero me gustaba. Era un suicidio lento y plenamente consciente. Me quedaba un año de vida.

--¿Como se decidió por la ayahuasca?

--Alguien me habló de Josep Vila, del centro Yessod de Sabadell. Le conocí y me habló de la ayahuasca. Nunca me aseguró nada. Me hablaba de la parte espiritual pero a mi, que no sé ni rezar el Padre Nuestro, todo aquello me sonaba a chino.

--Pero se fue con él a Iquitos.

--De tan desesperado como estaba.

--¿Y?

--Fue horroroso. Nada más entrar en la selva ya llegué a mi límite físico y psicológico. Era época de lluvias, hacía un calor tremendo, mosquitos, agotamiento. Todo para llegar a una chabola al lado de un río que no era mas que una plataforma elevada para evitar las inundaciones diarias.

--¿Allí vivió los doce días?

--Sí. Sin agua, ni luz, ni cama, ni aseos. Cada dia comíamos un puñado de arroz y un cuarto de pollo requemado a las brasas, incomible. Es la dieta.

--¿Y la ayahuasca?

--Hicimos cinco tomas en dias alternos, para descansar. Era un cóctel de ajosacha, un derivado del ajo muy purgante, chacruna, que te da las visiones y ayahuasca que es la hierba del entendimiento, &laqno;la maestra». Es un líquido espeso, amargo y repugnante, del que apena te tomas dos dedos de un vasito (Josep Vila nos trae una botella con ayahuasca. Huele a vinagre.)

--¿Qué pasó?

--En la primera toma ví un caballo negro desbocado y sin salida. Corría sin encontrar el camino. Yo era ese caballo, sentí sus músculos, su sudor, el cansancio. Y no era un sueño, era la experiencia más real que he tenido en mi vida. Si abría los ojos veía a mis compañeros por los suelos, vomitando.

--¿Usted no?

--Yo vomité después de &laqno;ser caballo» durante media hora. No tuve diarrea, pero sí un fuerte mareo que me quitó el chamán que nos acompañaba con unas ramas secas de chabaca y unos cánticos. Lo importante es que comprendí que ese caballo era mi vida, totalmente desorientada y perdida.

--¿Cómo fue la segunda toma?

--Dos dias después y tras mucho reflexionar. El caballo ya era blanco y no era yo. Yo lo montaba. Recibía un mensaje insistente de que tenía que dominar mi vida y empecé a dominar el caballo con las riendas.

--La tercera.

--Dos dias después estaba otra vez montando mi caballo y, de repente, se me aparecen mis cuatro abuelos. Siemrpe estuve frustrado porque a los 10 años ya se me habían muerto los cuatro abuelos. Y allí estaban los cuatro, sentados en un banco, hablándome con mucho cariño y convenciéndome de que no valía la pena seguir con ese trauma. También me dijeron que estaban contentos de mi y de lo que estaba haciendo. Después de eso me sentí poderoso, con una claridad mental absoluta y con la certeza de que estaba haciendo algo clave en mi vida. Me sentí muy fuerte y supe que no volvería a tomar coca en mi vida.

--La cuarta.

--Otra vez el caballo, pero ya controlado totalmente por mi. En la última no tuve ninguna visión. Sólo recibí un mensaje repetido una y otra vez, como un cassette: la coca mata, pero tu eres fuerte, estás curado. Así durante una hora.

--Ya ha pasado un mes.

--Sí y cuando el otro dia alguien me ofreció coca no sólo volví a oir el mensaje en mi interior, sino que se me revolvió todo el estómago. Tras superar esa primera tentación, me sentí el ser más feliz del mundo. Ahora ya no tengo la menor duda de que jamás volveré a probar la coca. Esto funciona incluso aqui, en mi ambiente.

--Por si acaso no baje la guardia.

--Por supuesto. No la he bajado. Evito los lugares donde se consume coca y las situaciones de riesgo.

--¿Cuál ha sido la clave?

--Que buscaba el remedio en lo físico y mental y olvidaba lo espiritual.

--Si Dios quiere.