José Ortega, sin manos

"Estoy muy orgulloso de tener las manos que tengo"

11/ 6/ 1999

 
J.Ortega nació con una malformación congénita que le afecta las manos

La malformación congénita con la que nació, apenas dos dedos en pinza a partir de ambos codos, no le han impedido convertirse en un hombre de éxito. Incluso pinta y toca el piano.

El almeriense de Badalona, José Ortega Romero, 54, viene cada dia a Sant Quirze del Vallès donde es jefe de personal de la inmobiliaria que construye la urbanización Can Casablancas.


"Lo único que no puedo hacer es abrocharme el último botón de la camisa"

--¿Sin complejos?

--Claro que no. Estoy muy orgulloso de tener las manos que tengo. Seguro que si tuviera las manos normales no hubiera hecho ni la mitad de cosas en esta vida.

--¿Me está diciendo que nacer con las manos así ha sido una suerte para usted?

--Sí, sí. Yo prefiero estar así. Lo tengo todo y no me hace falta nada. El colectivo normal me ha aceptado como uno más. ¿Qué más quiero?

--¿Su deficiencia ha forjado una voluntad de hierro?

--Sí. Eso me sirvió para empezar el camino de mi autosuperación. Y una vez empiezas en ese camino ya no paras. Si algo malo tengo sólo son recuerdos del pasado.

--O sea que no siempre estuvo tan orgulloso.

--De niño quizás me costó y recuerdo que mi madre me ponía los calcetines y me abrochaba los zapatos. Pero cuando ella murió, a mis 18 años, yo ya tenía un gran espíritu de superación y enseguida aprendí a hacer lo poco que me quedaba por aprender.

--¿Pero de verdad lo hace usted todo?

--Absolutament todo: conduzco un coche sin trucar, llevo 26 años en una oficina, pinto, modelo, toco el piano...

--Alto ahí. ¿Ha dicho tocar el piano?

--Y de muy pequeño. Cuando el cura me puso en el coro del pueblo empecé a aficionarme a la música, acabé dirigiendo un coro de niños y al final les acompañaba con el órgano de la iglesia.

--Me cuesta creerle.

--No toco con partitura, claro. Y fallo un poco en algunos acompañamientos, pero hoy toco de todo, desde canciones populares hasta un tema de jazz.

--¡Pero si sólo tiene dos dedos en cada mano!

--Hombre, algunas teclas las toco con el codo, como si fuera otro dedo. Pero ahora con esos órganos electrónicos que tocan los ritmos solos, ya no se nota ni la menor diferencia.

--Profesional, vaya.

--Es que lo fuí. Tuve un conjunto de rumbas y música de baile y yo era el organista. Se llamaba Alhabia, como mi pueblo, y veníamos mucho por esta parte de Catalunya: Montcada, Terrassa...

--Por favor: dígame algo que no pueda hacer.

--Pues, efectivamente, hay una cosa. Lo único que no puedo hacer en la vida es abrocharme el último botón de la camisa. Me lo sé desabrochar, pero si tengo que ir elegante ese botón me lo abrocha mi mujer. Pero de verdad que es lo único.

--¿Y cuando llegó la época de ligar?

--Por parte de mi mujer no hubo el menor problema. Nos gustamos los dos inmediatamente.

--¿Pero?

--Lógicamente costó que mi suegro me diera a su hija, pero no tanto por las manos, como porque no tenía trabajo. Pero en cuanto conseguí trabajo, me la llevé.

--¿Su primer trabajo?

--Sí, era el tiempo de las películas del Oeste en Almería y yo estaba de administrativo en el taller que guardaban los coches a Anthony Quinn y otros actores famosos.

--¿Nunca pasó por los colectivos de minusválidos?

--Sí, estuve un par de años en un colegio especial de Madrid. Pero no me hizo falta porque a mi nunca me ha discriminado nadie.

--¿Da la mano cuando conoce a alguien?

--Me la dan ellos. El 90% de las personas se me adelantan.

--¿Y al notar esa mano tan diferente entre la suya?

--No pasa nada. Sólo una vez en la vida, en la fiesta de un pueblo, cuando me presentaron una chica, yo le alcancé la mano y ella se quedó blanca como el papel.

--¡Venga esos dos!