M. José Plaza, perros asesinos

"No se los comen, sólo los matan"

12/ 5 / 1999

 
Maria José Plaza está al cargo de más de mil conejos

Más de mil conejos de la granja de Els Merinals, El Torcal, han muerto ya a consecuencia de los siete ataques de perros vecinos que han sufrido en menos de un año.

La encargada de la granja, Maria José Plaza Mur, 27, ama tanto a sus animales que siente una profunda indignación ante cada nuevo ataque.


"Había cuerpos destrozados de conejos por toda la granja"

-La noche del domingo cayeron más de cien.

-Fue el lunes de madrugada y, a las 7 de la mañana, aún estaban aqui ls perros porque los pillaron in fraganti los hermanos propietarios de esta granja. Había dos perros y uno se escapó

-Después de seis veces podría haber un detector, una alarma.

-Lo tenemos. Tenemos un aparato para escuchar yo desde la casa todo lo que pasa aqui abajo. Pero se ve que las ratas lo tocan o algo porque no funciona.

-¿Por dónde entran?

-Hoy por allí. Pero cada dia por un sitio diferente. Ya hemos reforzado las uralitas, las vallas, las paredes, todo para no dejar ni un resquicio. Pero siempre encuentran un agujero por donde colarse.

-¿Cómo pueden matar los conejos si están en sus jaulas?

-Porque las abren. Ya han entrado tantas veces que ya saben ponerse de pie encima del nido. Con el peso se abre el clip, sale la coneja y los perros la persiguen hasta pillarla.

-Eso es muy sofisticado, ¿no?

-Yo me he encontrado incluso jaulas en el suelo. Y si no pueden abrirlas les muerden las patas por entre las rejas y se la arrancan de cuajo. A una la han dejado pobrecita que no puede ni moverse.

-¿Nadie oye el barullo?

-Yo duermo ahí, en la casa, y no lo oigo.

-¿Son siempre los mismos perros?

-Sí, un pastor alemán y un pastor belga cruzado.

-Pero dos perros no pueden comerse 100 conejos.

-No los comen, sólo los matan. Los descuajan, les arrancan la cabeza, los muerden. Lo destrozan todo, mangueras rotas, chupetes rotos. Cuando yo llego, me encuentro una cabeza aqui, un cuerpo allá...

-Dantesco.

-Es horroroso. El otro dia estaba todo este pasillo lleno de sangre y cuerpos destrozados. Cuando lo veo se me saltan hasta las lágrimas. Me entra tanta rabia que me dan ganas de coger al dueño y hacerle lo mismo que hacen sus perros a mis conejos.

-¿Quién es el dueño?

-El Valentín, un hombre de aqui abajo que no tiene donde caerse muerto. Vive en una casa que no tiene ni tejado. Por eso nadie puede reclamarle nada.

-¿Cómo os llevais?

-Siempre viene por aqui haciéndose el bueno. Un dia me dijo que debía poner las vallas más altas y otro dia hasta me ayudó a limpiar los destrozos, como si no hubiera sido su perro.

-¿Siempre es el mismo?

-Siempre el mismo. Unas veces solo y otras acompañado. Ya nosotros nos mata conejos, pero a otras granjas de por aqui les mata gallinas.

-¿Son perros especialmente salvajes?

-No. Cualquier perro hace esto. Pero unos van más hambrientos que otros y como ése no tendrá qué comer, pues se busca la vida.

-Ese ya está en la Protectora.

-Ese sí, pero el otro no. Y cuando un perro descubre esto y se sabe el camino, vuelve seguro. A ese hombre tendrían que quitarle todos los perros. No uno solo.

-¿De verdad van ya siete veces?

-Claro que de verdad. La penúltima vez mataron 270 conejos. Ésta vez cien. En total han muerto ya más de mil.

-¿Qué dicen tus jefes?

-Que tendrán que poner una hípica porque lo de los conejos es imposible.

-¿Qué dice la policía?

-Que se lo digamos al juez. Que ellos no pueden hacer más que levantar acta y ya está. Pero para solucionarlo hay que ir al juez.

-En un par de siglos, quizás.