ALYSA SOLER, CATALANISTA DE ALMERÍA: «Cada vez que bajo al pueblo, regreso más independentista»

Aún no hace un año que vive en Catalunya y ya es independentista y activista de las juventudes de la ANC en Sabadell. El miércoles explicó su conversión en el CC de Can Deu. Cuando Ada Colau ganó en Barcelona, ella lloró.
Nacida en  Cuevas de la Almanzora (Almería), Alysa Soler Bernal, 20, estudia Derecho y Ciencias Políticas en la UAB, por lo que vive en un piso de estudiantes en Sabadell. Su facilidad para los idiomas la ha llevado a hablar un catalán casi perfecto en pocos meses.

cac alysa
Parlem en català?
Sí, perquè necessito practicar i em costa molt trobar gent que vulgui parlar català amb mi.
Però els que fan veure que no ho entenen ja tindran excusa per no llegir.
Ah bueno, pues entonces vamos a hablar en castellano, porque a ellos va esta entrevista.
¿Por donde empieza tu historia?
Por mi bisabuela que era muy catalanista porque llegó aquí de jovencita, trabajó mucho, le fueron bien las cosas y se acabó comprando una casa en la Bonanova. Sólo que de mayor volvió a Almería porque mi bisabuelo quería morir allí.
¿Tu bisabuela te influyó?
Muchísimo. Yo de pequeña nada más que le oía hablar maravillas de Catalunya. No había día que no se llenara la boca hablando de todo lo que le había dado  Catalunya.
¿El paraíso?
¡Claro! Y yo a los 5 años ya pedía un diccionario catalán-castellano que me enviaron desde aquí. A mi Madrid no me gusta nada, es pueblerino. Pero Barcelona siempre me ha tenido enamorada.
Llegaste siendo del PP.
No. Yo era del PP en mis inicios políticos porque me siento más cómoda en una política neoliberal. Pero cuando apareció Ciutadan’s con Albert Rivera, que encima era catalán, me pasé rápidamente a C’s.
Y fuiste a la manifestación españolista del 12 de octubre.
Sí, para ver los partidos no catalanistas. Pero no me encontré a gusto. El discurso de Ciudadanos se me fue cayendo solo. Me decepcionó mucho.
Sigamos.
Luego en abril fuí al acto independentista  del Palau Sant Jordi  y fue todo lo contrario.
¡Viste la luz!
Bueno la cosa ya venía de antes porque nada más llegar a Catalunya ya comprobé que aquí no te queman en la hoguera por no hablar catalán como me habían dicho. Ni me trataban mal ni me miraban mal.
¿No todos somos nazis?
¡Que va! Luego vi que los independentistas nunca me faltaban al respeto, pero que en cambio, los unionistas nacidos aquí preferían defender lo que les oprimía a lo suyo.
¿Por ejemplo?
Pues mira tuve un novio de l’Hospitalet que tuve que dejarlo porque se pasaba el día diciendo «¡Esto es España y me cago en Catalunya y los putos catalanes!».
¿Qué dicen tus padres?
Bajar al pueblo fue decisivo.  Todos me recriminaban que yo quisiera aprender catalán. Me hacían sentir una traidora de España y lo pasé muy mal… hasta que alguien me dejó el libro L’hora dels adéus.
¿De Xavier Sala i Martin?
¡Ése! Tomé notas, contrasté sus datos económicos con otras fuentes y cada vez me convencía más. Por fin ya no pude ocultar mi independentismo y salí del armario! (ríe).
¿No has vuelto más a Cuevas?
Sí y cada vez que bajo, regreso más independentista. Me dicen «¡catalana!» como si fuera un insulto. «¡Polaca, adoctrinada!» y cuanto más me lo dicen más integrada me siento a Catalunya y menos a Andalucía.
Mujer, qué cosas dices.
¡Es así! En Andalucía los almerienses tambiñen vemos como todo va para Sevilla. Ese sentimiento catalán allí lo conocemos bien.
¿Economías aparte?
Como persona no me siento tan integrada a Andalucía como a Catalunya. A mi esta tierra me está dando un futuro y yo tengo que velar por ella porque su futuro será el mío.
¿Qué dicen tus compañeros de piso?
Alucinan porque todos son catalanes, pero ninguno tan independentista como yo (ríe).
Sólo te falta ser del Barça.
¡Ah no! Por ahí no. Soy del Madrid aunque sin ninguna manía al Barça… Y un poquito del Sabadell!
Todo cordura

 

ODIO IRRACIONAL

Una quincena de amigos andaluces la han borrado del Facebook por escribir en catalán y su propia madre le confiesa que le molesta.
«La pobre no puede explicarme por qué le molesta, pero le molesta un montón que su hija escriba en catalán. Es el sentimiento que ha instalado allí la caverna mediática y que yo misma mamé de pequeña, en la escuela, en el pueblo, con los amigos. Es un odio irracional muy arraigado que sienten todas las generaciones. Quizás el miedo a lo desconocido»

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